Hay lugares que desaparecen sin hacer demasiado ruido. Una antigua sinagoga, una capilla en mitad del campo o un edificio que durante años formó parte del paisaje.
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A veces, lo único que queda de ellos es una fotografía. Y precisamente de eso trata la nueva exposición del Museo Judío de Praga, que abre sus puertas este 15 de octubre de 2026.
La muestra, titulada «Around towns, woods and fields» («Por ciudades, bosques y campos»), invita a recorrer más de medio siglo de historia checa a través de los ojos de Jiří Fiedler.
Este historiador dedicó buena parte de su vida a viajar por Bohemia y Moravia, cámara en mano, para fotografiar monumentos, pueblos y rincones que apenas aparecían en las guías. Muchos de esos lugares han cambiado por completo. Otros, sencillamente, ya no existen.
La exposición podrá visitarse hasta el 4 de abril de 2027 y reúne cerca de 200 fotografías y más de 60 fragmentos de sus diarios personales.
Es solo una pequeña parte de un archivo que supera las 40.000 imágenes, pero basta para hacerse una idea de la paciencia y la curiosidad que acompañaron a Fiedler durante décadas.
El recorrido permite seguir 62 de sus viajes, realizados entre 1948 y 2013. No se trata solo de contemplar fotografías antiguas.
También es una oportunidad para descubrir cómo eran algunos pueblos, qué edificios resistieron el paso del tiempo y cuánto puede cambiar un paisaje en apenas unas generaciones.
Museo Judío de Praga: las fotografías de un viajero incansable
La historia de Jiří Fiedler comenzó mucho antes de que imaginara la importancia que acabaría teniendo su trabajo.
Tenía solo trece años cuando empezó a escribir diarios de sus viajes. Apuntaba los lugares que visitaba, lo que encontraba por el camino y otros detalles de sus recorridos. Tres años después llegó la cámara fotográfica, que pronto se convirtió en su compañera habitual.
Viajar entonces no tenía mucho que ver con hacerlo hoy. Fiedler se movía en bicicleta, autobús o tren.
En ocasiones hacía autostop para llegar a pueblos apartados. No había GPS, mapas en el móvil ni cámaras digitales que permitieran repetir una fotografía tantas veces como fuera necesario.
Había que preparar las rutas, aprovechar la luz y recordar exactamente dónde se había tomado cada imagen.
Y aun así, consiguió reunir un archivo enorme.
Lo interesante es que no buscaba únicamente grandes monumentos. Claro que fotografió castillos, iglesias y edificios históricos, pero también prestaba atención a pequeñas capillas, cementerios, sinagogas abandonadas y construcciones rurales que muchos habrían pasado por alto.
Tenía esa capacidad de fijarse en lo que parecía poco importante y entender que también merecía ser conservado.
Hoy, algunas de aquellas fotografías son el único testimonio visual de edificios desaparecidos. Otras permiten comprobar cómo se han transformado lugares que todavía existen. Esa comparación entre el pasado y el presente es uno de los aspectos más interesantes de la exposición del Museo Judío de Praga.
Su trabajo cobra un significado especial cuando se observa desde la historia de las comunidades judías de Bohemia y Moravia.
Durante sus viajes, Fiedler documentó antiguas sinagogas, cementerios y espacios comunitarios que habían quedado abandonados o sufrían un deterioro evidente.
Gracias a sus imágenes, hoy es posible conocer cómo se encontraban muchos de estos lugares en diferentes momentos del siglo XX.
Las fotografías, además, no están solas. Los diarios ayudan a comprender qué había detrás de cada recorrido.
Martin Jelínek, conservador de las colecciones fotográficas del museo y comisario de la exposición, explica que prácticamente todas las imágenes pueden relacionarse con una anotación concreta.
Esto permite saber cuándo estuvo Fiedler en cada lugar y conocer algunas de las circunstancias de su visita.
Es un detalle que cambia bastante la forma de mirar las fotografías. Ya no vemos únicamente un edificio antiguo o una calle de otra época. También podemos acercarnos a la experiencia de la persona que estuvo allí, cómo llegó y qué encontró.
La directora del museo, Pavla Niklová, destaca precisamente esa mezcla de recuerdos personales y documentación histórica.
Porque la memoria de un territorio no se guarda únicamente en sus monumentos más famosos. También permanece en los pequeños detalles, en los edificios cotidianos y en aquellos rincones que desaparecen antes de que alguien piense en fotografiarlos.
Fotografías antiguas que todavía tienen mucho que contar
Hay algo especialmente llamativo en esta exposición: invita a pensar en la cantidad de imágenes que hacemos hoy casi sin darnos cuenta.
Ahora basta con sacar el móvil para fotografiar una fachada, guardar su ubicación o compartirla en unos segundos. Fiedler trabajó durante décadas de una manera completamente distinta.
Cada desplazamiento requería tiempo y organización. Después venía el trabajo de identificar, ordenar y conservar las fotografías, junto con las anotaciones que permitían entenderlas.
Ese esfuerzo es parte de lo que hace tan valioso su archivo.
Una fotografía antigua puede resultar bonita o despertar cierta nostalgia. Pero cuando sabemos dónde se tomó, en qué fecha y qué estaba ocurriendo en aquel lugar, se convierte en algo mucho más interesante.
Puede ayudar a reconstruir la historia de un edificio, estudiar los cambios de una ciudad o recuperar información sobre un patrimonio que ya se ha perdido.
El legado de Fiedler también ha encontrado su espacio en el mundo digital. Sus investigaciones sirvieron de base para desarrollar una enciclopedia electrónica dedicada a las comunidades, asentamientos y lugares de memoria judíos de Bohemia y Moravia.
En ella se reúne información procedente de archivos, publicaciones, correspondencia y visitas sobre el terreno.
Aunque esta enciclopedia no figura entre los recursos anunciados para la exposición temporal, permite entender hasta dónde puede llegar un trabajo que comenzó con una cámara analógica y unos cuadernos de viaje.
Las posibilidades de estos archivos son muchas. Comparar fotografías antiguas con imágenes actuales, descubrir cómo ha cambiado una calle o identificar edificios que han desaparecido son algunas de ellas.
Eso sí, conviene tener claro qué encontrará el visitante. La exposición del Museo Judío de Praga se centra en las fotografías seleccionadas y los diarios originales del historiador.
No se han anunciado experiencias de realidad virtual, inteligencia artificial ni instalaciones tecnológicas especiales. Aquí las protagonistas son las imágenes y las historias que esconden.
Y no necesitan mucho más para despertar la curiosidad.
Museo Judío de Praga: dónde está la exposición, fechas y entradas
Quienes tengan pensado viajar a Praga entre este otoño y la próxima primavera pueden aprovechar para descubrir la muestra. Se celebra en la Sinagoga Klausen, situada en U Starého hřbitova 3a, en el distrito de Praga 1, dentro del histórico barrio judío.
Es una zona que merece la pena recorrer sin demasiada prisa. Entre sus calles se encuentran antiguas sinagogas, espacios conmemorativos y algunos de los lugares más conocidos del patrimonio judío de la capital checa.
Por eso, visitar la exposición puede encajar muy bien en una jornada dedicada a conocer esta parte de la ciudad.
La muestra estará abierta del 15 de octubre de 2026 al 4 de abril de 2027. Según la información facilitada por el Museo Judío de Praga, el acceso está incluido en la entrada correspondiente al recorrido museístico. También se ofrece una entrada independiente por 60 coronas checas.
Antes de acudir, es recomendable comprobar los horarios y las condiciones de acceso, sobre todo si el viaje coincide con días festivos o periodos de gran afluencia turística.
La exposición estará disponible durante varios meses, de modo que podrá visitarse tanto en una escapada de otoño o invierno como durante los primeros meses de 2027.
Un museo que protege siglos de memoria
El Museo Judío de Praga tiene una larga historia. Fue fundado en 1906 y, con el paso de los años, se ha convertido en una institución de referencia para la conservación del patrimonio judío.
Sus colecciones reúnen más de 44.000 objetos, alrededor de 135.000 libros, cientos de miles de fotografías y una extensa documentación sobre las comunidades judías de Bohemia y Moravia.
Además de conservar e investigar estos materiales, el museo colabora con la Comunidad Judía de Praga en el cuidado de importantes monumentos del antiguo barrio judío.
Su actividad permite mantener viva una parte de la historia de la ciudad que va mucho más allá de los edificios que pueden visitarse.
La exposición dedicada a Jiří Fiedler encaja muy bien en esa labor. Recupera imágenes que podrían haber permanecido guardadas en un archivo y las convierte en una forma de acercarse a lugares, personas y épocas que ya forman parte del pasado.
Pero también cuenta una historia bastante humana: la de alguien que pasó buena parte de su vida viajando por curiosidad, observando lo que encontraba y tomando notas sin saber hasta qué punto ese trabajo acabaría siendo útil para otras generaciones.
Quizá ahí esté uno de los mayores atractivos de la muestra. Nos recuerda que no siempre hace falta viajar lejos o descubrir lugares extraordinarios para encontrar historias que merezcan ser contadas. A veces están en una vieja fachada, en un cementerio olvidado o en un camino que hemos recorrido cientos de veces sin prestarle demasiada atención.
En un momento en el que hacemos y compartimos fotografías constantemente, el archivo de Fiedler deja una idea sencilla: no importa solo lo que fotografiamos, sino también lo que conseguimos recordar y conservar de aquello que hemos visto.
Y quién sabe. Puede que alguna de las imágenes que tomamos hoy, casi por casualidad, termine contando dentro de cincuenta años una historia que todavía no imaginamos.
Para conocer la exposición y toda la información necesaria. Si estás de visita por Praga, accede a la web oficial y consulta todos los detalles.
Especialista en comunicación corporativa y magíster en esta disciplina, con una sólida trayectoria en el ámbito de los nuevos medios, prensa y comunicación digital. Su trabajo se orienta a la creación de estrategias comunicativas innovadoras, la gestión de contenidos en entornos digitales y el fortalecimiento de la identidad de marca a través de plataformas online.
