Los drones se han convertido en un problema cada vez más serio para la seguridad de aeropuertos, centrales eléctricas y otras instalaciones sensibles. Son pequeños, pueden volar a baja altura y no siempre resulta fácil distinguirlos de otros objetos con los sistemas de vigilancia habituales.
La solución podría estar en una tecnología que lleva décadas entre nosotros, pero que ahora está encontrando nuevas aplicaciones. Se llama radar pasivo y tiene una característica bastante llamativa: puede detectar objetos sin emitir señales propias.
En vez de enviar ondas al espacio, como hace un radar convencional, aprovecha las que ya circulan a nuestro alrededor. Las emisiones de radio, televisión o telefonía móvil pueden servir para localizar un objeto en movimiento. Es una forma de vigilancia que, en determinadas condiciones, puede resultar más discreta y necesitar menos equipamiento.
Un equipo de investigadores del instituto alemán Fraunhofer FKIE ha llevado esta idea un poco más lejos. Han conseguido detectar drones utilizando señales de redes móviles LTE que trabajan en la banda de 450 MHz.
Los resultados de sus experimentos se publicaron en noviembre de 2025 en la revista científica IET Radar, Sonar & Navigation.
Lo interesante es que el sistema no necesita captar ninguna comunicación entre el dron y su piloto. Puede detectar el aparato aunque esté siguiendo una ruta programada o utilice un sistema de control que no emita señales de radio fáciles de identificar.
Esto abre una posibilidad especialmente útil para proteger instalaciones en las que detectar un dron a tiempo puede marcar una gran diferencia.
Cómo funciona un radar que no emite señales
Para entenderlo, basta con pensar en cómo trabaja un radar normal. El equipo envía ondas electromagnéticas, estas chocan con los objetos que encuentran y una parte regresa al receptor. A partir de ese eco, el sistema calcula dónde está el objeto y cómo se mueve.
El radar pasivo hace algo parecido, pero se ahorra el primer paso. No necesita transmitir nada porque utiliza señales que ya están presentes en el entorno.
Imaginemos una antena de telefonía móvil que está emitiendo continuamente. Sus señales viajan en distintas direcciones y algunas rebotan en edificios, vehículos o cualquier objeto que encuentren. Si un dron atraviesa esa zona, también puede reflejar parte de esas ondas.
Ahí entra en juego el receptor del radar pasivo. El equipo compara la señal que llega directamente desde la antena con las señales que han rebotado en los objetos cercanos. Analizando pequeñas diferencias, puede encontrar indicios de movimiento y calcular ciertos datos sobre el objetivo.
Aunque la idea parece sencilla, conseguir que funcione requiere un procesamiento bastante avanzado. El receptor tiene que separar las señales útiles de una enorme cantidad de reflexiones y ruido.
Cuando la antena emisora y el receptor están situados en lugares diferentes, hablamos de un sistema bistático. Su rendimiento depende mucho de dónde se encuentre cada elemento, de la trayectoria del objeto y de las características de las ondas utilizadas.
Los investigadores alemanes decidieron trabajar con LTE450, una tecnología de comunicaciones móviles que utiliza la banda de 450 MHz. Estas redes están ganando interés en algunos países europeos porque pueden ofrecer comunicaciones resistentes a cortes y averías, especialmente en servicios esenciales como el suministro energético.
Para comprobar si las señales servían para detectar drones, el equipo utilizó un DJI Matrice M210, un modelo profesional empleado habitualmente en trabajos industriales.
Los resultados fueron interesantes. En una de las pruebas, utilizando un receptor de un solo canal, lograron detectar el dron a una distancia bistática aproximada de 1.600 metros, según el criterio estadístico de falsas alarmas establecido para el experimento.
Eso no significa que el radar pueda detectar cualquier dron a 1,6 kilómetros. El alcance cambia según el tamaño del aparato, su posición, la trayectoria de vuelo, las antenas y las condiciones del lugar.
También hicieron pruebas con varios canales, diferentes antenas y distintas estaciones transmisoras. Estas configuraciones les permitieron seguir los desplazamientos del dron y estudiar hasta qué punto podían estimar su posición.
Los experimentos demostraron que las señales LTE450 pueden utilizarse para esta tarea, aunque todavía queda trabajo por hacer antes de pensar en un despliegue generalizado.
Una forma diferente de vigilar instalaciones sensibles
La principal ventaja del radar pasivo es bastante fácil de entender: no necesita un transmisor propio de alta potencia. La inteligencia artificial ya no es todo; también es necesaria la adecuada investigación humana para llegar a grandes hallazgos.
Eso puede reducir parte del equipamiento necesario y facilitar su instalación en lugares donde ya existen buenas señales de comunicaciones. En lugar de construir toda la infraestructura desde cero, se aprovecha algo que está funcionando.
También tiene otra ventaja. Como el receptor no emite ondas de vigilancia, resulta más difícil descubrir su presencia buscando las transmisiones de un radar. Eso no lo hace invisible, pero sí puede aportar discreción frente a los sistemas activos.
Pensemos, por ejemplo, en una central eléctrica situada cerca de una zona industrial. Si dispone de cobertura LTE450, esas mismas señales podrían ayudar a detectar determinados objetos que sobrevuelen sus instalaciones, siempre que las condiciones sean adecuadas.
Y hay un detalle que merece atención. Algunas redes LTE450 europeas se están diseñando para mantener las comunicaciones incluso cuando falla el suministro eléctrico convencional.
Esto puede ser muy útil durante una emergencia. Un sistema de vigilancia basado en esas señales tendría la posibilidad de seguir recibiendo información mientras otras redes dejan de funcionar.
Claro que hay una condición: el propio radar también necesita electricidad. Sus receptores, ordenadores y equipos auxiliares tendrían que contar con una alimentación de respaldo. Sin ella, disponer de señales móviles no serviría de mucho.
Otra ventaja está relacionada con los drones que vuelan sin una conexión de radio convencional.
Muchos sistemas de detección actuales buscan las comunicaciones que mantienen estos aparatos con sus mandos. Si encuentran esas emisiones, pueden identificar la presencia de un dron e incluso obtener información adicional.
El problema aparece cuando el aparato sigue una ruta automática, utiliza comunicaciones difíciles de detectar o está conectado mediante fibra óptica. En esos casos, buscar una señal de control por radio puede no dar resultado.
El radar pasivo no necesita escuchar esa conversación. Lo que busca es el reflejo de las ondas en el propio dron.
Eso sí, detectar algo volando no significa saber inmediatamente qué es. Un pájaro, un dron o determinados objetos en movimiento pueden generar señales que necesitan analizarse con cuidado.
Por eso, lo más razonable sería utilizar esta tecnología junto con cámaras, sensores acústicos y otros equipos de vigilancia. Cada sistema aporta información diferente y, al combinarla, resulta más fácil identificar lo que está ocurriendo y evitar falsas alarmas.
Lo que todavía falta por resolver
Los resultados del Fraunhofer FKIE son prometedores, pero no conviene pensar que esta tecnología ya puede instalarse en cualquier lugar y funcionar sin problemas.
El primer obstáculo es bastante evidente: para aprovechar señales externas, esas señales tienen que existir y llegar con las características adecuadas.
Una zona con poca cobertura, una distribución desfavorable de antenas o ciertos obstáculos pueden reducir mucho la capacidad de detección.
Los edificios también complican las cosas. Las ondas rebotan en fachadas, estructuras metálicas y otros elementos del entorno. El receptor tiene que distinguir entre todas esas reflexiones para encontrar las que corresponden a un objeto en movimiento.
Es como intentar reconocer una conversación concreta en una habitación llena de gente hablando a la vez. La información está ahí, pero separarla del resto no siempre es fácil.
La precisión representa otro reto. No basta con detectar un eco. En una instalación real interesa conocer la posición del objetivo, seguir su trayectoria y distinguirlo de otros elementos cercanos.
Para conseguirlo influyen el ancho de banda de las señales, las frecuencias utilizadas, la cantidad de receptores y los algoritmos encargados de procesar los datos.
Los drones pequeños añaden más dificultades. Algunos están fabricados principalmente con plástico y otros materiales que pueden reflejar menos energía electromagnética que una aeronave industrial de mayor tamaño.
También importa cómo vuelan. Un aparato que se desplaza en determinadas direcciones puede resultar más fácil de detectar que otro cuya trayectoria produce reflexiones menos favorables para el sistema.
Los investigadores han demostrado que el método funciona en condiciones experimentales concretas. Ahora falta comprobar cómo se comporta durante periodos prolongados, con distintos modelos de drones y en entornos mucho más variados.
Esa diferencia entre una prueba científica y un sistema preparado para proteger una instalación real es importante. En el laboratorio se pueden controlar muchas variables. En un aeropuerto o una central eléctrica, no tanto.
Tampoco hay que olvidar la regulación. Cualquier solución que se utilice para vigilar espacios aéreos sensibles deberá cumplir las normas correspondientes y encajar dentro de los protocolos de seguridad de cada instalación.
Aprovechar las señales que ya tenemos
Lo que hace interesante esta investigación no es únicamente haber detectado un dron con señales LTE450. También muestra que las redes de comunicaciones pueden servir para tareas muy diferentes de aquellas para las que fueron diseñadas.
Hasta ahora, cuando pensamos en una antena de telefonía móvil, lo normal es relacionarla con llamadas, mensajes o conexiones de datos. Pero esas ondas también interactúan con los objetos que hay a su alrededor. Y esa información puede aprovecharse.
La idea no es reemplazar de golpe los radares tradicionales ni los sistemas de vigilancia que ya funcionan. El radar pasivo puede convertirse en una herramienta más, especialmente útil cuando se combina con otras tecnologías.
Para los responsables de proteger instalaciones estratégicas, disponer de una fuente adicional de información puede ayudar a detectar antes ciertos movimientos y entender mejor lo que ocurre en el espacio aéreo cercano.
Todavía quedan pruebas por realizar, especialmente para conocer su fiabilidad fuera de los escenarios experimentales. Pero los resultados publicados por Fraunhofer FKIE muestran que el aprovechamiento de señales móviles para detectar drones es una posibilidad real.
Si las próximas investigaciones confirman su rendimiento, algunas redes de telefonía podrían terminar desempeñando dos funciones al mismo tiempo: mantener las comunicaciones de servicios esenciales y ayudar a vigilar el cielo que los rodea.
Todo ello sin que el radar tenga que emitir una sola señal propia.
Sobre la investigación
Bruno Demissie y Christian Steffes, investigadores del Fraunhofer FKIE. Drone Detection With a LTE450-Based Passive Radar, publicado en IET Radar, Sonar & Navigation. Para saber más sobre esto, puedes consultar el estudio científico original.
Especialista en comunicación corporativa y magíster en esta disciplina, con una sólida trayectoria en el ámbito de los nuevos medios, prensa y comunicación digital. Su trabajo se orienta a la creación de estrategias comunicativas innovadoras, la gestión de contenidos en entornos digitales y el fortalecimiento de la identidad de marca a través de plataformas online.
