Mitologías modernas: Ouka Leele & Co. llega a Madrid mirando a los años ochenta desde un lugar bastante curioso: nuestro presente. Un presente en el que hacemos fotos, aplicamos filtros, editamos vídeos y mezclamos formatos casi sin pensarlo.
La exposición puede verse en la Sala Alcalá 31 hasta el 18 de octubre de 2026. La entrada es gratuita y el recorrido reúne más de un centenar de obras. Ouka Leele ocupa el centro de la muestra, pero no está sola.
A su alrededor aparecen nombres como Ceesepe, El Hortelano, Carlos Franco, Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta, Costus o Patricia Gadea, entre otros artistas vinculados a aquella efervescente escena madrileña.
Julio Pérez Manzanares, comisario de la exposición, plantea un recorrido que permite entender mejor cómo se cruzaban pintura, fotografía, cómic, diseño, televisión y cultura popular.
Y ahí está una de las partes más interesantes para quien se acerque a la muestra desde la tecnología.
Mucho antes de Instagram, Photoshop en el móvil o las imágenes generadas por IA, ya había artistas mezclando lenguajes que hasta entonces parecían vivir por separado.
No tenían una pantalla táctil capaz de reunirlo todo en unos segundos. Tenían cámaras, pinceles, publicaciones independientes, televisión, fotocopias y bastantes ganas de experimentar.
Era, salvando las distancias, una especie de ecosistema multimedia analógico.
Mitologías modernas y la imagen híbrida
Ouka Leele representa especialmente bien esa mezcla.
Uno de sus procedimientos más conocidos comenzaba con una fotografía en blanco y negro. Después llegaba la intervención manual, utilizando pintura y acuarela para transformar los colores, la atmósfera e incluso la sensación que transmitía la imagen.
Con los años también incorporaría herramientas digitales como Photoshop a su trabajo.
Visto desde 2026, el proceso resulta extrañamente familiar. Primero se obtiene una imagen base. Después se modifica. Se trabaja por capas, se cambian colores, se decide qué destacar y qué transformar.
Claro que aquello no era edición digital. Había pinceles, pigmentos y muchas horas de trabajo detrás. Pero la manera de pensar la imagen recuerda bastante a lo que hoy hace cualquier creador delante de una pantalla.
La exposición arranca simbólicamente con uno de los proyectos más llamativos de Ouka Leele: su intervención de 1987 en la fuente de Cibeles, inspirada en el mito de Hipómenes y Atalanta.
Aquí la fotografía ya no consiste simplemente en apuntar una cámara y disparar.
Hay que preparar la escena, intervenir un espacio reconocible de Madrid y convertirlo temporalmente en otra cosa.
La fotografía termina mezclándose con la instalación, el espectáculo y la puesta en escena.
Hoy estamos acostumbrados a espacios creados expresamente para ser fotografiados, instalaciones inmersivas o campañas pensadas para circular por redes sociales.
En 1987 no se hablaba de contenido viral, claro, pero algunas de esas ideas ya estaban ahí.
Televisores de tubo y arqueología digital
El montaje de Mitologías modernas incluye además cinco televisores de tubo catódico.
Para quien haya crecido rodeado de pantallas planas, pueden parecer directamente piezas de museo. Y, en cierto modo, lo son.
En ellos se recuperan entrevistas realizadas por Paloma Chamorro en La edad de oro, uno de los programas que ayudaron a acercar aquella escena cultural al gran público.
No es solo un guiño nostálgico.
Esos televisores recuerdan una época en la que buena parte de la cultura llegaba a través de unas pocas pantallas compartidas. Hoy un artista puede aparecer en YouTube, TikTok, Twitch, Instagram, un podcast y varias plataformas de streaming prácticamente al mismo tiempo.
Entonces el mapa era mucho más pequeño.
Ceesepe utilizaba cómics, fanzines, revistas y carteles. Otros artistas saltaban entre pintura, fotografía, diseño y cultura pop. La innovación no siempre consistía en inventar una tecnología nueva. Muchas veces bastaba con conectar cosas que hasta entonces parecían separadas.
Y eso tampoco queda tan lejos de la creación digital actual. Una ilustración puede convertirse en vídeo, acabar convertida en meme y terminar integrada en una experiencia interactiva. Cambian las herramientas, pero esa costumbre de mezclar formatos sigue ahí.
Mitologías modernas antes de las redes sociales
Hay otra idea que aparece casi sin buscarla mientras se recorre la exposición: la cultura viral no empezó con el smartphone.
El Madrid de los ochenta ya funcionaba como una red.
Solo que era una red física.
Por ella circulaban artistas, músicos, fotógrafos, revistas, carteles, programas de televisión, discos e ideas. La gente colaboraba, se retrataba, compartía referencias y terminaba apareciendo en los mismos lugares y medios.
No había algoritmos recomendando qué ver después. Tampoco notificaciones.
Había bares, talleres, estudios, revistas, galerías, programas de televisión y encuentros personales.
Visto desde ahora, resulta fácil recordar algo que a veces olvidamos: antes de convertirse en una plataforma tecnológica, una red social es simplemente una red de personas que comparten información.
Los mitos clásicos también tienen bastante peso en la exposición. Y aquí aparece otro puente inesperado con nuestro presente.
Nos gusta pensar que la tecnología produce mundos completamente nuevos, pero seguimos contando historias bastante antiguas. Héroes, transformaciones, dobles identidades, criaturas fantásticas, deseo, poder, miedo.
Cambian las imágenes. Cambian las herramientas. Las historias se resisten bastante más.
Los artistas reunidos en Alcalá 31 recuperaron mitos, símbolos y composiciones de la tradición para llevarlos a un universo urbano, pop y contracultural. Hacían con su época algo que seguimos haciendo ahora: tomar referencias conocidas, desmontarlas un poco y volver a utilizarlas para hablar del presente.
Del pincel al Photoshop
Por eso Mitologías modernas puede resultar interesante incluso para alguien que normalmente busca antes una exposición tecnológica que una muestra de arte.
Aquí aparecen preguntas que seguimos haciéndonos constantemente.
¿Quién controla una imagen? ¿Cuánto puede transformarse antes de convertirse en otra cosa? ¿Qué ocurre cuando pasa de un soporte a otro? ¿Cómo consigue un creador que reconozcamos su estilo casi al instante?
Hoy podemos cambiar el color de una fotografía en segundos. Podemos borrar un objeto, ampliar un fondo o escribir una frase para que una inteligencia artificial genere una imagen completamente nueva.
Ver los procesos de Ouka Leele introduce otra escala de tiempo.
Detrás de muchas de aquellas obras había fotografía, laboratorio, acuarela, montaje, escenografía y horas de trabajo manual. Eso no convierte lo artesanal en mejor que lo digital ni al revés. Simplemente recuerda que una herramienta puede acelerar el proceso, pero las decisiones siguen teniendo que venir de algún sitio.
Mitologías modernas en plena era de la IA
La inteligencia artificial generativa añade una lectura que en 1987 habría parecido ciencia ficción.
Hoy basta con escribir unas líneas para obtener una imagen capaz de mezclar épocas, estilos y técnicas. Hace cuarenta años, conseguir esa clase de combinación podía implicar preparar decorados, revelar fotografías, pintar sobre ellas y repetir el proceso varias veces.
La diferencia técnica es gigantesca.
La pregunta creativa, curiosamente, no tanto.
¿Qué ocurre cuando tomamos elementos que ya conocemos y los reorganizamos hasta crear otra cosa?
No hace falta convertir Mitologías modernas en una exposición sobre inteligencia artificial para encontrar esa conexión. De hecho, parte de su atractivo está precisamente ahí.
No hay necesidad de llenar las salas de realidad virtual o pantallas de última generación para hablar de innovación.
La innovación aparece en la manera de entender la imagen.
Fotografía y pintura dejan de ser territorios separados. La televisión entra en el relato. El cómic y el fanzine comparten espacio con disciplinas tradicionalmente asociadas a las bellas artes.
Hoy esa mezcla nos parece casi normal.
Un fotógrafo también edita vídeo. Un ilustrador puede trabajar en 3D. Un diseñador utiliza herramientas de inteligencia artificial. Un teléfono lleva en el bolsillo una cámara, un pequeño estudio de edición y una plataforma capaz de distribuir el resultado a miles de personas.
El software ha concentrado en una sola pantalla muchas herramientas que antes estaban repartidas entre estudios, laboratorios, imprentas y talleres.
Por eso resulta tan curioso mirar hacia atrás.
Visitar Mitologías modernas en Madrid
Mitologías modernas: Ouka Leele & Co. puede visitarse en la Sala Alcalá 31, en Madrid, hasta el 18 de octubre de 2026.
La exposición abre de martes a sábado de 11:00 a 20:30 horas y los domingos de 11:00 a 14:00. Los lunes permanece cerrada y la entrada es gratuita.
Más allá de recuperar un momento especialmente creativo de la cultura madrileña, la muestra permite mirar aquellos años con ojos digitales.
Y deja una idea bastante sencilla.
Las herramientas cambian a una velocidad enorme. Pasamos del laboratorio fotográfico a Photoshop y de Photoshop a la inteligencia artificial en unas pocas décadas.
Las ganas de cortar, mezclar, colorear, manipular y reinventar imágenes llevan bastante más tiempo con nosotros.
Si estás en Madrid, merece la pena acercarse a Alcalá 31 y recorrer la exposición con esa mirada. No hace falta ser especialista en arte ni haber vivido la Movida: basta con observar cómo se construían, transformaban y compartían las imágenes antes de que una pantalla pudiera hacerlo casi todo.
La entrada es gratuita, así que puede ser un buen plan para descubrir de dónde vienen algunas ideas visuales que hoy sentimos completamente digitales.
Especialista en comunicación corporativa y magíster en esta disciplina, con una sólida trayectoria en el ámbito de los nuevos medios, prensa y comunicación digital. Su trabajo se orienta a la creación de estrategias comunicativas innovadoras, la gestión de contenidos en entornos digitales y el fortalecimiento de la identidad de marca a través de plataformas online.
