La memoria RAM de nuestros ordenadores se ha convertido en el centro de una discusión que va mucho más allá de las especificaciones técnicas.
Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, considera que concentrar los chips de memoria en grandes centros de datos puede ser más eficiente que repartirlos entre millones de ordenadores personales. Sus palabras no han pasado desapercibidas, especialmente en un momento en el que la demanda de componentes para inteligencia artificial está presionando los precios del mercado.
Las declaraciones se produjeron durante una entrevista publicada el 29 de octubre de 2026 en Cheeky Pint, el pódcast de John Collison, cofundador de Stripe. La conversación abordó diferentes aspectos del futuro de la inteligencia artificial, pero uno de los momentos que más repercusión ha tenido fue cuando Altman habló de la escasez de memoria y cuestionó la conveniencia de ejecutar modelos de IA directamente en los ordenadores domésticos.
Su razonamiento parte de una idea sencilla: si los chips de memoria son limitados, ¿tiene sentido que una gran cantidad permanezca instalada en equipos que pasan buena parte del día sin utilizarse? Según Altman, sería más eficiente aprovechar esos recursos en servidores compartidos, donde pueden atender las solicitudes de numerosos usuarios.
El empresario llegó a mencionar que la memoria de algunos ordenadores podría utilizarse únicamente un 5 % del tiempo. Es una cifra que empleó para ilustrar su argumento, no el resultado de un estudio independiente sobre el uso de la RAM en todos los dispositivos.
Y ahí comenzó la polémica. Porque una cosa es buscar la mejor manera de aprovechar los componentes disponibles y otra muy diferente es plantear que los ordenadores personales deberían tener menos capacidad de memoria para favorecer a los centros de datos.
Sam Altman y la RAM: por qué prefiere los centros de datos
Para entender las declaraciones de Altman hay que conocer las dos formas principales de ejecutar herramientas de inteligencia artificial.
La primera es utilizar servicios alojados en Internet, como ChatGPT. Cuando una persona escribe una pregunta, la solicitud se envía a servidores remotos que procesan la información y devuelven una respuesta. El usuario no necesita disponer de un ordenador especialmente potente porque buena parte del trabajo se realiza fuera de su dispositivo.
La segunda opción consiste en ejecutar modelos de inteligencia artificial de manera local. En este caso, el procesamiento se realiza dentro del propio ordenador, utilizando su memoria RAM, el procesador y, cuando corresponde, la tarjeta gráfica.
Esta alternativa ha ganado popularidad entre personas que buscan mayor privacidad, quieren experimentar con modelos abiertos o necesitan trabajar sin depender constantemente de una conexión a Internet.
Pero Altman considera que existe un problema de eficiencia. Si millones de usuarios compran grandes cantidades de memoria para ejecutar herramientas que utilizan ocasionalmente, parte de esos recursos puede permanecer sin aprovechar durante muchas horas.
En un centro de datos, en cambio, los equipos pueden atender peticiones de diferentes clientes y distribuir la capacidad disponible según la demanda. Eso permite mantener una utilización más constante de la infraestructura, aunque también supone importantes gastos de electricidad, refrigeración y mantenimiento.
Durante la conversación, Altman calificó como una mala distribución de los recursos que grandes cantidades de DRAM permanezcan instaladas en ordenadores particulares mientras existe una oferta limitada de chips.
Sus declaraciones pueden consultarse en la entrevista original de Sam Altman en Cheeky Pint, que incluye la transcripción de la conversación con John Collison.
Conviene aclarar que el responsable de OpenAI no anunció ninguna medida para restringir la cantidad de RAM que pueden incorporar los ordenadores, ni propuso una prohibición de su venta. Lo que expresó fue su opinión sobre cómo distribuir los recursos informáticos en un mercado donde la demanda supera la capacidad de producción disponible.
¿Por qué la inteligencia artificial necesita tanta memoria RAM?
El crecimiento de la inteligencia artificial ha transformado las necesidades de la industria tecnológica. Los modelos más avanzados requieren grandes cantidades de capacidad informática, tanto durante su entrenamiento como cuando responden a las peticiones de los usuarios.
Y no todo depende de tener procesadores más rápidos. La memoria también desempeña un papel fundamental, porque permite almacenar temporalmente información y acceder a ella mientras se ejecutan las operaciones.
Los centros de datos especializados utilizan diferentes tipos de memoria. Algunos sistemas incorporan DRAM convencional, mientras que los aceleradores de inteligencia artificial suelen recurrir a tecnologías como la memoria HBM, diseñada para transferir grandes cantidades de datos a gran velocidad.
Aunque no son componentes idénticos a los que encontramos en un portátil doméstico, forman parte de una misma industria de semiconductores. Los fabricantes deben organizar sus inversiones, instalaciones y capacidad productiva para atender diferentes mercados.
Esta situación ayuda a explicar por qué el crecimiento de la inteligencia artificial puede repercutir en la disponibilidad de determinados componentes para ordenadores personales.
OpenAI es una de las empresas que más está impulsando esta demanda. En octubre de 2025 anunció acuerdos estratégicos con Samsung Electronics y SK hynix para ampliar la producción de memoria avanzada dentro de su iniciativa Stargate.
Los planes contemplan alcanzar una capacidad de producción de hasta 900.000 obleas de DRAM al mes. Se trata de un objetivo industrial anunciado por las compañías, no de una cifra que pueda considerarse producción efectiva ya alcanzada.
La magnitud de estas inversiones muestra hasta qué punto la inteligencia artificial está influyendo en las decisiones de los fabricantes de chips.
Cómo puede afectar la escasez de RAM al precio de los ordenadores
La preocupación de muchos consumidores es bastante concreta: si las grandes empresas tecnológicas necesitan cada vez más memoria, ¿terminaremos pagando más por nuestros ordenadores?
Es una posibilidad que ya preocupa a la industria. Durante 2026, distintos fabricantes y medios especializados han advertido de un encarecimiento de los componentes de memoria, relacionado en parte con la fuerte demanda de los centros de datos.
Cuando las empresas que producen semiconductores destinan una mayor proporción de sus inversiones a componentes especializados para inteligencia artificial, pueden producirse cambios en la disponibilidad de otros productos.
Eso no significa que la memoria de los ordenadores personales vaya a desaparecer. Sin embargo, una oferta más ajustada puede traducirse en precios superiores, especialmente cuando coincide con una demanda elevada.
Las consecuencias podrían notarse en el coste de ampliar la RAM de un ordenador, comprar un portátil nuevo o adquirir componentes para montar un PC.
Imaginemos a alguien que quiere renovar su equipo para trabajar con edición de vídeo, diseño gráfico o videojuegos. Si el precio de los módulos de memoria aumenta, puede encontrarse con que la configuración que tenía prevista supera su presupuesto. Otra opción sería conformarse con una capacidad inferior y ampliar el ordenador más adelante.
El problema es que la memoria RAM no sirve únicamente para ejecutar inteligencia artificial. También resulta necesaria para mantener varias aplicaciones abiertas, trabajar con archivos grandes y utilizar programas profesionales exigentes.
De todos modos, sería incorrecto atribuir cualquier subida de precios exclusivamente a OpenAI o a los proyectos relacionados con ChatGPT. El mercado depende de muchos factores, entre ellos los costes de fabricación, la disponibilidad de componentes, las decisiones comerciales y los ciclos de oferta y demanda.
Las propias empresas de semiconductores han vivido épocas en las que producir demasiada memoria provocó fuertes caídas de precios. Altman mencionó ese historial durante la entrevista para explicar por qué algunos fabricantes pueden mostrarse prudentes a la hora de construir nuevas instalaciones, incluso cuando el mercado atraviesa un periodo de escasez.
La polémica también afecta a la privacidad y la independencia digital
Hay otro aspecto de esta discusión que no tiene que ver directamente con el precio de los componentes.
Para muchas personas, disponer de suficiente RAM en su ordenador significa tener la libertad de elegir qué programas ejecutar y cómo utilizar sus propios recursos.
La inteligencia artificial local permite realizar determinadas tareas sin enviar información a servidores externos. Esto puede resultar especialmente interesante cuando se trabaja con documentos confidenciales, archivos personales o información que no se quiere compartir con terceros.
También permite utilizar algunas herramientas sin conexión a Internet. Una ventaja que puede pasar desapercibida hasta que falla la red o un servicio deja de estar disponible.
Los centros de datos tienen otras fortalezas. Pueden ofrecer acceso a modelos mucho más exigentes de lo que sería posible ejecutar en un ordenador convencional, además de facilitar actualizaciones y distribuir recursos entre numerosos usuarios.
Pero depender de esos servicios también significa aceptar sus condiciones de uso, sus tarifas y sus posibles limitaciones.
Por eso, el debate no se resuelve únicamente calculando qué alternativa aprovecha mejor la memoria disponible. También intervienen cuestiones relacionadas con la privacidad, el control de los datos y la posibilidad de utilizar herramientas digitales sin depender completamente de una empresa.
Las declaraciones de Altman resultan especialmente controvertidas porque proceden del responsable de una compañía que está realizando grandes inversiones en infraestructura informática.
Recientemente analizamos los acuerdos de Sam Altman para expandir la inteligencia artificial de OpenAI en Abu Dabi, una iniciativa relacionada con la aplicación de estas tecnologías en sectores como la administración pública, la energía y las finanzas.
Aunque los proyectos tienen objetivos diferentes, muestran la magnitud de la expansión empresarial de OpenAI y la importancia que están adquiriendo las infraestructuras necesarias para sostener sus servicios.
¿Tendrán los ordenadores del futuro menos memoria?
Por ahora, no existen razones suficientes para afirmar que las declaraciones de Sam Altman vayan a provocar una reducción generalizada de la RAM instalada en los ordenadores personales.
Los fabricantes de PC siguen desarrollando equipos destinados a profesionales, jugadores y usuarios que necesitan ejecutar programas exigentes. Además, la propia evolución de la inteligencia artificial está impulsando nuevas funciones que utilizan recursos locales.
Lo que sí parece evidente es que la competencia por los semiconductores se ha intensificado.
Las grandes compañías necesitan una enorme capacidad de procesamiento para ampliar sus servicios de inteligencia artificial. Al mismo tiempo, los fabricantes de dispositivos buscan incorporar funciones más avanzadas sin que sus productos se vuelvan demasiado caros.
Encontrar un equilibrio no será sencillo. Construir nuevas fábricas de semiconductores requiere inversiones millonarias, personal especializado y varios años de planificación. No basta con aumentar los pedidos para conseguir que aparezcan nuevos chips de un día para otro.
El argumento de Altman tiene sentido desde una perspectiva concreta: compartir recursos informáticos puede permitir que una misma infraestructura atienda a muchos usuarios. Sin embargo, esa eficiencia no implica que la informática local haya dejado de ser útil o que concentrar toda la capacidad en servidores remotos sea siempre la mejor alternativa.
De hecho, es probable que ambas formas de utilizar inteligencia artificial continúen desarrollándose en paralelo. Algunas tareas seguirán ejecutándose en la nube, especialmente cuando necesiten modelos muy grandes, mientras que otras podrán resolverse directamente en los dispositivos.
La polémica deja una pregunta que afecta tanto a los fabricantes como a quienes compran tecnología: ¿quién debería tener prioridad cuando la producción de componentes no alcanza para satisfacer toda la demanda?
Sam Altman ha dejado clara su preferencia por aprovechar la memoria de manera intensiva en centros de datos. Pero los usuarios también tienen motivos para defender la capacidad de sus propios ordenadores.
Al final, la discusión no consiste únicamente en decidir dónde colocar los chips de RAM. Se trata de determinar cómo queremos utilizar la inteligencia artificial en los próximos años y hasta qué punto estamos dispuestos a depender de servicios externos para realizar tareas que antes podíamos ejecutar en nuestros propios equipos.
Especialista en comunicación corporativa y magíster en esta disciplina, con una sólida trayectoria en el ámbito de los nuevos medios, prensa y comunicación digital. Su trabajo se orienta a la creación de estrategias comunicativas innovadoras, la gestión de contenidos en entornos digitales y el fortalecimiento de la identidad de marca a través de plataformas online.
