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Bajada: 5G: Telefónica y la Universidad de Málaga prueban una red que combina antenas terrestres y satélites para mejorar la cobertura y evitar interrupciones.
Quedarse sin cobertura en mitad de una carretera, durante una excursión por la montaña o en una zona rural sigue siendo un problema bastante habitual. Y aunque el despliegue del 5G ha avanzado mucho en España, todavía hay lugares donde mantener una conexión estable no resulta tan sencillo. Ahora, Telefónica y la Universidad de Málaga trabajan en una solución que podría ayudar a reducir estas limitaciones: conectar las redes móviles tradicionales con satélites.
La iniciativa se llama Victoria-Satélite y fue presentada el 28 de octubre de 2026. Se trata de un proyecto de investigación desarrollado con el apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA) y financiado con fondos NextGenerationEU. Su objetivo es probar cómo pueden trabajar juntas las antenas que utilizamos habitualmente y los sistemas de comunicación situados en el espacio.
La idea puede parecer sencilla, pero llevarla a la práctica supone un desafío tecnológico considerable. Las redes terrestres y satelitales funcionan de manera diferente, tienen sus propias limitaciones y no siempre ofrecen los mismos tiempos de respuesta. Conseguir que ambas se complementen sin provocar interrupciones es precisamente lo que se está investigando en Málaga.
Y conviene aclarar algo desde el principio: no estamos ante un nuevo servicio que permita conectar cualquier teléfono directamente a un satélite. Victoria-Satélite es, por ahora, una plataforma de pruebas. Lo que se consiga aprender de ella podría servir para desarrollar las futuras redes 5G Advanced y 6G, capaces de mantener las comunicaciones en situaciones donde las infraestructuras actuales tienen dificultades.
5G Advanced: cuando las antenas necesitan ayuda de los satélites
Para entender la importancia del proyecto, basta con pensar en cómo funciona nuestra conexión móvil. Cuando utilizamos el teléfono para navegar, enviar un mensaje o realizar una videollamada, normalmente nos conectamos a una antena cercana. Esa antena forma parte de una red mucho más amplia que permite transmitir información hasta su destino.
El problema aparece cuando no hay ninguna antena disponible, cuando la señal es demasiado débil o cuando una avería deja parte de la infraestructura fuera de servicio.
Ahí es donde las comunicaciones por satélite pueden ofrecer una alternativa. En lugar de depender únicamente de las instalaciones terrestres, determinados sistemas podrían utilizar enlaces espaciales para mantener la transmisión de datos. La intención no es sustituir las redes 5G existentes, sino complementarlas cuando sea necesario.
Esta integración se conoce como red no terrestre o NTN, por sus siglas en inglés. Es una de las líneas de desarrollo vinculadas al 5G Advanced, una evolución de la tecnología móvil actual que busca mejorar la eficiencia de las conexiones y preparar el terreno para la futura generación 6G.
En Málaga, Telefónica ha instalado una infraestructura preparada para trabajar con diferentes tipos de satélites. Las pruebas iniciales utilizan un modelo geoestacionario de Hispasat, aunque la plataforma está diseñada para poder investigar otras configuraciones, incluidas las constelaciones de satélites de órbita terrestre baja.
La diferencia entre ambos sistemas tiene bastante importancia. Un satélite geoestacionario se encuentra a unos 35.786 kilómetros de altura y mantiene una posición aparentemente fija respecto a la Tierra. Esto permite cubrir grandes extensiones, pero también implica que las señales deben recorrer distancias enormes.
Los satélites de órbita baja están mucho más cerca de la superficie, por lo que pueden reducir el tiempo que tarda la información en viajar. Sin embargo, se desplazan respecto al suelo y necesitan mecanismos más complejos para mantener la comunicación mientras pasan de una zona a otra.
El objetivo de Victoria-Satélite es estudiar cómo aprovechar estas características y conseguir que las diferentes tecnologías trabajen de forma coordinada.
En el comunicado oficial de Telefónica sobre Victoria-Satélite, la compañía explica que la infraestructura dispone de equipos de seguimiento, herramientas de supervisión en tiempo real y sistemas de control remoto. También permitirá analizar posibles incidencias y comprobar cómo responde la red ante diferentes condiciones de funcionamiento.
¿Para qué serviría un 5G conectado al espacio?
Aunque el concepto de conectar antenas y satélites puede parecer algo lejano para quienes simplemente quieren utilizar el móvil, sus aplicaciones podrían tener consecuencias muy concretas.
Una de las más interesantes está relacionada con las emergencias. Imaginemos una localidad afectada por fuertes inundaciones que pierde parte de su infraestructura de telecomunicaciones. Los equipos de rescate necesitan coordinarse, enviar información y mantener el contacto con los servicios sanitarios. En esas circunstancias, disponer de una conexión alternativa puede ayudar a recuperar las comunicaciones.
Una red que combine 5G terrestre y enlaces satelitales podría ofrecer nuevas opciones para este tipo de situaciones. Eso sí, su funcionamiento dependería de que los equipos necesarios estuvieran disponibles y de que las condiciones permitieran establecer la conexión. No significa que cualquier antena dañada pueda sustituirse automáticamente por un satélite.
También existen posibilidades para sectores como el transporte marítimo, la logística o las actividades industriales que se desarrollan en lugares alejados de las ciudades.
Por ejemplo, una empresa que transporta mercancías podría utilizar dispositivos conectados para conocer la ubicación de sus contenedores durante un recorrido. En determinadas zonas, esos equipos podrían transmitir pequeñas cantidades de información mediante sistemas satelitales cuando no dispongan de cobertura terrestre.
Algo parecido podría suceder con sensores instalados en explotaciones agrícolas, infraestructuras energéticas o instalaciones situadas en territorios aislados. No siempre necesitan transmitir grandes archivos o reproducir vídeos. En muchos casos, basta con enviar periódicamente información sobre su estado y recibir instrucciones.
Estas aplicaciones forman parte de las posibilidades que las redes híbridas podrían facilitar, aunque no todas han sido demostradas específicamente por Victoria-Satélite.
La continuidad del servicio también interesa a las empresas que dependen de conexiones estables para sus operaciones. Cuando una red terrestre sufre una interrupción, contar con otra vía de comunicación puede reducir el impacto de la incidencia. Investigar cómo gestionar esos cambios sin perder la conexión es una parte importante del desarrollo tecnológico.
España ya tiene una amplia cobertura 5G, pero todavía quedan desafíos
El proyecto llega en un momento en el que España presenta cifras de cobertura móvil bastante elevadas.
Según los datos del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, publicados el 6 de mayo de 2026, el 5G alcanza al 99,27 % de la población española. En las zonas rurales, la cobertura llega al 96,13 %, después de un crecimiento importante durante el último año analizado.
Las cifras proceden del Informe de Cobertura de Banda Ancha 2025 y muestran que la diferencia entre las ciudades y el entorno rural se ha reducido considerablemente.
Sin embargo, que una tecnología alcance a casi toda la población no significa que esté disponible en todos los puntos del territorio. Tampoco garantiza que cada usuario disfrute de la misma velocidad o estabilidad.
La cobertura puede variar en función del operador, la ubicación, las características del edificio o la cantidad de dispositivos conectados a una misma antena. Y fuera de las zonas habitadas siguen existiendo espacios donde desplegar infraestructuras convencionales resulta más complicado.
Por eso, la combinación de 5G y satélites despierta tanto interés. No se trata únicamente de aumentar la cobertura sobre un mapa, sino de buscar soluciones para mantener las comunicaciones donde las redes tradicionales no llegan o pueden fallar.
España también cuenta con otras iniciativas relacionadas con esta tecnología. En agendatech.es ya analizamos la apertura del centro europeo de satélites 5G de Sateliot en Barcelona, una instalación dedicada al desarrollo de sistemas espaciales para dispositivos conectados. Aunque se trata de proyectos diferentes, ambos muestran cómo las empresas españolas están participando en la evolución de las telecomunicaciones satelitales.
¿Podremos conectar nuestros móviles directamente a un satélite?
Es probablemente una de las preguntas que más interés genera cuando se habla de estas tecnologías. Y la respuesta es que ya existen avances en comunicaciones directas entre determinados dispositivos y satélites, pero eso no significa que todos los teléfonos puedan utilizarlas ni que ofrezcan las mismas prestaciones que una red 5G terrestre.
Para conseguirlo intervienen varios factores. El dispositivo debe ser compatible con el sistema utilizado, el operador necesita disponer de acuerdos y frecuencias adecuadas y el servicio tiene que estar disponible en la región correspondiente.
También importa qué se quiere transmitir. Enviar un mensaje de emergencia o unos pocos datos requiere mucha menos capacidad que mantener una videollamada o reproducir un vídeo en alta definición.
Las condiciones físicas tampoco son las mismas. Mientras que una antena terrestre puede encontrarse a unos cientos de metros, los satélites están a distancias mucho mayores. La orientación, los obstáculos y las características de la señal pueden afectar al funcionamiento.
Por eso sería prematuro interpretar Victoria-Satélite como el anuncio de una nueva tarifa móvil con cobertura espacial ilimitada. Telefónica y la Universidad de Málaga están trabajando en una fase anterior: comprobar qué soluciones funcionan, cómo pueden integrarse y qué dificultades deben resolverse antes de pensar en su aplicación comercial.
Pedro Merino, responsable del proyecto en la Universidad de Málaga y director del Instituto ITIS, ha destacado que la infraestructura permitirá profundizar en el estudio de las conexiones entre las redes 5G terrestres y los sistemas satelitales. La colaboración también abre nuevas oportunidades para la investigación y el desarrollo tecnológico en España.
El 5G prepara el camino hacia las redes 6G
Victoria-Satélite tiene otra dimensión que va más allá de conseguir una conexión estable en lugares remotos. El proyecto forma parte del esfuerzo europeo por desarrollar tecnologías propias y reducir la dependencia de infraestructuras y soluciones externas.
Las futuras redes de comunicaciones tendrán que atender necesidades muy diferentes. No es lo mismo conectar un teléfono en una ciudad que mantener en funcionamiento miles de sensores industriales, coordinar servicios de emergencia o transmitir información desde instalaciones alejadas.
La integración entre redes terrestres y satelitales podría ayudar a responder a parte de esas necesidades, especialmente cuando se combine con nuevas herramientas de gestión y tecnologías de próxima generación.
Por ahora, no existe una fecha anunciada para convertir los resultados de Victoria-Satélite en un servicio comercial. Todavía será necesario realizar pruebas, comprobar su rendimiento en diferentes escenarios y avanzar en los estándares técnicos que permitan utilizar estas conexiones de manera generalizada.
Pero el proyecto ya representa un paso interesante para la investigación española. Málaga se convierte en uno de los lugares donde se está estudiando cómo podrían funcionar las redes móviles de los próximos años, con la participación de Telefónica, la universidad y organismos europeos.
Quizá dentro de unos años resulte completamente normal que una conexión cambie entre una antena terrestre y un satélite sin que apenas nos demos cuenta. Hoy todavía hay bastante trabajo por delante para conseguirlo.
Y esa es, precisamente, la idea que impulsa Victoria-Satélite: que las comunicaciones del futuro no dependan exclusivamente de lo que tenemos instalado en tierra, sino que también puedan encontrar una alternativa mucho más arriba, en el espacio.
Especialista en comunicación corporativa y magíster en esta disciplina, con una sólida trayectoria en el ámbito de los nuevos medios, prensa y comunicación digital. Su trabajo se orienta a la creación de estrategias comunicativas innovadoras, la gestión de contenidos en entornos digitales y el fortalecimiento de la identidad de marca a través de plataformas online.
